Despues de la visita
By Jorge Lezcano - el Nuevo Herald - 01/23/07
Hace 20 años y por primera vez en la vida de cualquier Papa, Juan Pablo II visitaba una sinagoga en Roma. Ahora aquí, en una cálida noche de Miami Beach, se reunía un diverso grupo del sur de la Florida en el Templo Emanu-El, cuyo nombre en español significa Dios con nosotros, para celebrar el aniversario histórico de esa visita papal.
Fuimos llegando de humildes y no tan humildes hogares del sur de la Florida, en lujosos automóviles o cómodas guaguas. El color de la piel, los idiomas y la variedad de acentos y distintas creencias o no creencias fue lo común esa noche especial. Sin embargo, los que más tarde se dirigieron con sus palabras a la nutrida asamblea coincidían al decir y repetir que nuestro común origen nos hacia a todos, de por sí tan diferentes, tan parecidos.
Muchos de los asistentes al entrar al Templo Emanu-El lo miraban todo con gran curiosidad y respeto. Por primera vez en sus vidas visitaban una sinagoga judía y el momento era para admirar y reflexionar. Quizás se sentían como el que visita una casa que parece ser suya y no lo es del todo, como los que por primera vez visitan el hogar de un pariente lejano que nunca han conocido, pero aun así saben que son familia.
Sin embargo, un líder religioso cristiano que los acompañaba declaró, desde un lugar prominente del templo y dirigiéndose a todos, sentirse allí como en su casa, exhortando a los presentes a que se sintieran como él.
En la alocución que el Papa Juan Pablo ll hizo durante su histórica visita a la comunidad judía de Roma en 1986, de una manera muy clara deploró el genocidio contra los judíos. Recordó su viaje al campamento de concentración y exterminio de Auschwitz el 7 de junio de 1979 y cómo, cuando se detuvo ante una lápida con la inscripción en lengua hebrea, dijo lo siguiente: 'Esta inscripción suscita el recuerdo del pueblo, cuyos hijos e hijas estaban destinados al exterminio total. Este pueblo tiene su origen en Abraham, que es el padre de nuestra fe, como dijo Pablo de Tarso. Precisamente este pueblo que ha recibido de Dios el mandamiento de `no matar', ha probado en sí mismo, en medida particular, lo que significa matar. A nadie le es lícito pasar delante de esta lápida con indiferencia''.
También el Papa señaló: ``Una palabra de execración quisiera una vez más expresar por el genocidio decretado durante la última guerra contra el pueblo judío y que ha llevado al holocausto de millones de víctimas inocentes''.
Los líderes religiosos que hicieron sus presentaciones en el Templo Emanu-El de Miami Beach esa noche especial fueron el arzobispo John C. Favarola, la reverenda doctora Priscila Felisky-Whitehead, el imán doctor Nasir Ahmad y el rabino Fred Klein. Todos se identificaron con ese mismo y común origen que nos debe unir a todos como descendientes de Abraham. ''Somos primos hermanos en la fe'', señaló el imán.
El arzobispo indicó que Juan Pablo II fue un prolífico escritor, poeta, teólogo, filósofo y maestro y que sus enseñanzas las comunicaba al mundo con gran poder y eficacia simplemente con un simple gesto o algo simbólico.
Igual de fuerte fue el simbolismo de esa noche cuando se vivió una vez más la gran visita de Juan Pablo a los judíos de Roma y el profundo significado que tuvo y tiene la misma para los que hoy vivimos tratando de respetar y proteger a los otros que parecen ser, pensar o creer de maneras distintas.
Juan Pablo II también estuvo con nosotros en Emanu-El esa noche especial. Estoy convencido de que en el futuro y en nuestra comunidad nos merecemos muchas otras visitas como la realizada al Templo Emanu-El.
La plegaria de Juan Pablo II reza:
Dios de nuestros padres, Tú escogiste a Abraham y a su descendencia para traer el nombre de Dios a todas las naciones. Estamos profundamente entristecidos por el comportamiento de aquellos que en el curso de la historia les han causado sufrimientos a estos tus hijos, y por ellos pedimos tu perdón; queremos comprometernos a una hermandad genuina con el pueblo de la alianza (el pueblo judío).
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